¿Cuánto cuesta mantener un software? El precio de compra no es el precio
Todo el mundo presupuesta el desarrollo; pocos presupuestan la vida del software. Los cuatro factores que determinan el coste de mantenimiento, qué debe cubrir un plan y lo que cuesta no mantener, que siempre es más.
Respuesta corta
El coste de mantener un software depende de cuatro factores: la criticidad (qué pasa si se cae y cuánto puedes esperar), el ritmo de evolución que pide el negocio, el entorno (cuántos sistemas conectados y piezas que actualizar) y el estado del código, sobre todo si es heredado. Como orientación: un sistema del que depende tu operación merece una dedicación mensual estable, modesta comparada con lo que costó construirlo y ridícula comparada con lo que cuesta el día que falla sin nadie detrás.
El error de origen: presupuestar el nacimiento y no la vida
Cuando se compara el coste de un software, a medida o estándar, todo el mundo mira el precio de entrada. Pero un sistema vive años, y durante esos años necesita el mismo cuidado que cualquier otro activo del que dependa tu operación. Al encargar un desarrollo hay que preguntar cuánto cuesta construirlo, y también cuánto costará que siga funcionando, seguro y útil, dentro de tres años. Quien no te responde a lo segundo te está enseñando media factura.
Los cuatro factores que determinan el coste
1. La criticidad: qué pasa si se cae
No cuesta lo mismo mantener una herramienta interna que aguanta una tarde caída que el sistema que sostiene los pedidos. La criticidad fija los tiempos de respuesta que se comprometen por escrito y la vigilancia necesaria, y es el factor que más mueve el precio. Conviene ser honesto aquí. Pagar cobertura de misión crítica para una herramienta secundaria es tirar el dinero, y hacer lo contrario es jugársela.
2. El ritmo de evolución
Hay sistemas que solo tienen que seguir funcionando y otros a los que el negocio les pide cosas nuevas cada mes. La capa evolutiva (horas de mejora planificada) marca la diferencia entre mantener un sistema con vida y mantenerlo útil. Se dimensiona según el ritmo que lleva tu negocio, no con una plantilla.
3. El entorno: conexiones y piezas
Un sistema aislado envejece despacio. Uno conectado a tu ERP, a tu tienda y a tres servicios externos tiene más frentes abiertos: cada integración hay que vigilarla y cada pieza del entorno hay que actualizarla. Más valor operativo implica más superficie de mantenimiento.
4. El estado del código (la gran variable en sistemas heredados)
Mantener un sistema bien construido y documentado cuesta una fracción de lo que cuesta mantener uno frágil y opaco. Por eso ningún proveedor serio te dará precio de mantenimiento sin revisar antes cómo está el sistema, y por eso heredar un software sin documentación empieza siempre por una auditoría y no por una cuota.
Qué debe incluir lo que pagas (para comparar planes con criterio)
Al comparar mantenimientos, compara coberturas y no cuotas. Pregunta si incluye respuesta a incidencias con plazos por escrito, actualizaciones probadas antes de aplicarlas, copias verificadas, monitorización con alertas, horas de evolución y un informe de lo hecho. Una cuota baja que solo cubre «te atiendo si me llamas» es no-mantenimiento con recibo.
La propiedad también cuenta aquí. El mantenimiento debe ser una opción que se renueva por resultados, no un peaje. Si dejar el plan implica perder acceso a tu código o a tus datos, el precio es otro.
El coste de no mantener (el término que falta en la comparación)
La alternativa a pagar mantenimiento no es gratis:
- La degradación silenciosa. Actualizaciones pospuestas que acaban en migraciones caras, una seguridad que envejece y señales de que el sistema se queda pequeño que nadie atiende.
- El incidente sin nadie detrás. Si el día malo no hay copias verificadas ni nadie que conozca el sistema, un fallo recuperable se convierte en una crisis de días, con su coste en operación parada.
- La urgencia como tarifa. Arreglar deprisa, con alguien que no conoce el sistema, es la forma más cara de comprar horas técnicas.
Puesto en la balanza, el mantenimiento estable suele ser la opción barata, porque lo que hay que comparar con la cuota no son cero euros sino el coste esperado del abandono.
¿Y un número?
Igual que con el coste de desarrollar, no publicamos tarifas: cualquier cifra sin conocer tu sistema sería marketing. Después de revisar cómo está, recibes una propuesta por escrito con cobertura, tiempos y horas de evolución, dimensionada a tu criticidad. Y si tu caso necesita menos de lo que pensabas, te lo decimos.
Sobre el autor
Oscar Blanco
Fundador y responsable técnico de MUROSOFT
Ingeniero informático y desarrollador de software para empresas, con más de una década construyendo sistemas de gestión, integraciones y aplicaciones. En MUROSOFT analiza el proceso antes que la tecnología: qué se hace hoy, qué cuesta y qué merece la pena automatizar. Trabaja de forma directa con quien va a usar el sistema, sin capas intermedias entre el problema y quien lo resuelve.