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Cuánto cuesta

¿Cuánto cuesta una web para empresa? Qué hay detrás de un «desde 499 €»

Por qué existen las webs de 499 € y qué no llevan dentro. Los cinco factores que mueven el precio de una web corporativa o una tienda, el coste recurrente que pocos suman y cómo comparar dos presupuestos que no se parecen.

Oscar Blanco

Respuesta corta

Depende de si la web es un folleto o una pieza del negocio, y esa diferencia vale un orden de magnitud. Lo que mueve el precio son cinco cosas: cuántas plantillas de página distintas hay, quién escribe el contenido, si vende o solo informa, si hay una web anterior cuyo posicionamiento haya que conservar y si tiene que hablar con tu gestión. Al comparar, casi nunca se suma el coste recurrente de alojamiento y mantenimiento, sin el cual la web se degrada sola.

Por qué existe el «desde 499 €»

No es mentira. Por ese dinero se entrega una web. Lo que conviene saber es qué se entrega exactamente, porque la cifra sale de un modelo de negocio concreto: una plantilla comprada, el contenido que mandes tú, ningún trabajo de estructura y ninguna hora después del día de la entrega.

Funciona para quien necesita existir en internet y poco más. Deja de funcionar en cuanto la web tiene que hacer algo, ya sea captar, vender o conectarse con la herramienta donde trabajas cada día.

Nosotros no publicamos tarifas por el mismo motivo que en software a medida: una cifra genérica engaña siempre, en una dirección o en la otra. Lo que sí podemos es enseñarte de qué depende.

Los cinco factores que mueven el precio

1. Cuántas plantillas de página distintas hay

Lo que cuenta no son las páginas sino los tipos de página. Veinte fichas de producto que comparten diseño son una plantilla; una home, una de servicio, un blog y una ficha son cuatro. Por eso una web de seis páginas puede costar más que una de cuarenta.

2. Quién escribe el contenido

Es el factor que más presupuestos desvía y el que menos aparece en las comparativas. Si el contenido lo pones tú, el proyecto avanza al ritmo al que lo escribas, y ese suele ser el cuello de botella, más que el desarrollo. Si lo escribimos nosotros, es trabajo y va presupuestado. Lo que no funciona es dejarlo sin decidir. Así es como los proyectos se quedan meses parados con la web «casi lista».

3. Si vende o solo informa

Una tienda no es una web con un botón de comprar. Catálogo, variantes, tarifas por cliente, impuestos, portes, pasarela de pago, devoluciones y los correos de cada estado del pedido son piezas con lógica propia, y cada una puede ser trivial o no según tu operativa. Entre un WooCommerce estándar y uno que respeta tu política comercial hay bastante más distancia que un tema.

4. Si hay una web anterior

Aquí está el riesgo caro, y no tiene que ver con el diseño. El SEO no vive en tu web «en general», vive en URLs concretas que Google ya conoce. Cambiarlas sin un plan de redirecciones tira por el desagüe posiciones que costaron años. Conservarlas es trabajo (inventario de URLs, mapa de equivalencias, comprobación después del cambio), y es justo lo que no lleva dentro una web barata. Cómo migrar sin perder el posicionamiento explica el método.

5. Si tiene que hablar con tu gestión

Que el stock salga del ERP, que el pedido entre solo, que el formulario cree la ficha en el CRM. Eso convierte la web en una pieza del negocio en lugar de una isla, y su coste no lo fija la web sino lo que exponga el otro sistema.

El coste que pocos suman

Una web no termina el día que se publica. Necesita alojamiento, actualizaciones, copias y alguien que responda cuando algo falla. Sin eso se degrada sola: plugins sin actualizar, vulnerabilidades abiertas y, al cabo de dos años, una migración más cara que el mantenimiento que no se pagó.

Este coste sí lo publicamos, porque se puede. Los planes WP Care van desde 39 €/mes para una web corporativa y desde 69 €/mes cuando hay tienda, integraciones o código propio en producción.

Al comparar dos presupuestos, súmale a cada uno doce meses de lo que costará mantener lo que te entregan. La diferencia entre ellos suele estrecharse mucho.

Cómo comparar dos presupuestos que no se parecen

  • Compara alcances, no cifras. El más barato suele serlo porque incluye menos, y con frecuencia lo que falta es lo que tú dabas por hecho: el contenido, la migración, la formación o los ajustes de las primeras semanas.
  • Pregunta por las plantillas, no por las páginas. «Web de 8 páginas» no dice nada. «Home, servicio, blog, artículo y contacto» sí.
  • Pregunta qué pasa con las URLs actuales si ya tienes web. Si la respuesta no menciona redirecciones, el presupuesto no ha mirado ese problema.
  • Pregunta quién es el dueño. ¿Puedes llevarte la web a otro proveedor? ¿Hay licencias de tema o plugins que caducan? ¿Qué pasa si dejas de pagar?
  • Pregunta por el rendimiento y por el SEO técnico. Es donde se recorta sin que se note hasta meses después, y las causas de una web lenta casi siempre se deciden el día que se construye.
  • Desconfía del presupuesto instantáneo. Nadie puede tarificar tu web sin preguntarte qué tiene que conseguir.

¿Y si mi presupuesto es pequeño?

Entonces lo honesto es empezar por menos web, no por peor web. Una corporativa de cuatro plantillas bien hecha, rápida y editable por tu equipo aguanta años y admite crecer después. Lo caro es la web barata que hay que rehacer a los dieciocho meses porque no se podía tocar.

Y si lo que necesitas no es una web sino una herramienta con usuarios y procesos dentro, te lo diremos. Eso es otro servicio y otro presupuesto.

Sobre el autor

Oscar Blanco

Oscar Blanco

Fundador y responsable técnico de MUROSOFT

Ingeniero informático y desarrollador de software para empresas, con más de una década construyendo sistemas de gestión, integraciones y aplicaciones. En MUROSOFT analiza el proceso antes que la tecnología: qué se hace hoy, qué cuesta y qué merece la pena automatizar. Trabaja de forma directa con quien va a usar el sistema, sin capas intermedias entre el problema y quien lo resuelve.

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